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HABILIDADES SOCIALES

Las habilidades sociales son unas pautas de comportamiento (referentes a conductas, pensamientos y emociones), que nos permiten relacionarnos con los demás de forma que consigamos un máximo de beneficios y un mínimo de consecuencias negativas; tanto a corto como a largo plazo. Son capacidades concretas que se pueden aprender y por lo tanto, mejorar la calidad de las relaciones interpersonales de quien se lo proponga, a través de sesiones presenciales en nuestra consulta y práctica en la vida diaria.

Nuestro concepto de habilidades sociales incluye temas como la asertividad (la capacidad para expresar lo que queremos de manera adecuada y sin ceder siempre a las exigencias del otro, pero respetando las opiniones de los demás), la autoestima y la inteligencia emocional (habilidad de comprender nuestras emociones y las de quienes nos rodean).

Un déficit en las habilidades sociales nos llevará a sentir con frecuencia emociones negativas como la ira o la frustración, y a sentirnos rechazados o infravalorados por los demás. Además, las personas que carecen de estas habilidades son más propensas a padecer alteraciones psicológicas como la ansiedad, el estrés,  la depresión o enfermedades psicosomáticas. Por todo ello es importante acudir a un psicólogo para que pueda enseñar a hacer un buen uso de estas habilidades. De este modo, aumentará nuestra calidad de vida, nos hará sentirnos bien y nos ayudará a obtener lo que queremos.

Habitualmente, los problemas en esta área se suelen manifestar a través de la emisión de conductas agresivas a través de las cuales la persona impone sus opiniones o deseos sin tener en cuenta a su interlocutor o bien a través de un estilo de comunicación eminentemente pasivo en el que la persona no expresa sus sentimientos ni deseos y no hace por defender sus derechos y privilegios. En el punto medio de la virtud se encontraría el estilo asertivo caracterizado por la puesta en marcha de determinadas conductas mediante las cuales la persona reconoce sus opiniones, deseos y emociones y es capaz de expresarlas al tiempo que muestra respeto por los demás; es capaz de poner límites y de defender sus derechos.

A través del entrenamiento en habilidades sociales se busca ampliar el repertorio de conductas a través del desarrollo de habilidades y destrezas socialmente adecuadas. Este objetivo se alcanza mediante la enseñanza y entrenamiento de conductas específicas, la reducción de la respuesta de ansiedad que generalmente se asocia a este tipo de dificultades, la modificación de creencias, pensamientos y actitudes que interfieren en la ejecución social. En casos concretos, también será de interés trabajar técnicas orientadas en el control de la ira, afrontamiento del estrés, solución de problemas, mejora de la autoestima o el entrenamiento en toma de decisiones.

¿Y en los niños?

No hay que confundir el déficit en habilidades sociales con la timidez ya que no es lo mismo un niño que presenta baja motivación para relacionarse con sus iguales, que uno que es excluido por los otros niños o adolescentes o que teniendo una alta motivación por el contacto con los demás lo evita por determinadas razones. Y entre estas razones pueden encontrarse la timidez o la carencia de habilidades sociales.

En el primer caso, la problemática se caracteriza por la evitación frecuente de situaciones sociales por la aparición de miedo, de miedo a la evaluación que de él harán los otros niños o adolescentes y/o de miedo a los desconocidos. En el segundo caso de déficit de habilidades sociales, en el que no necesariamente tiene que presentarse el miedo o la timidez, nos encontramos con un niño que puede llegar incluso a hacer intentos claros de interacción, pero que utiliza formas y estrategias que no son las adecuadas, lo que le trae como consecuencia el rechazo de los demás.

Por otro lado, las interacciones con los demás no sólo suponen espacios para el aprendizaje, sino que también se erigen como fuente importante de experiencias. Carecer de dichas oportunidades conlleva el riesgo añadido de no poder disfrutar de apoyo social, de una fuente importante de diversión y gratificación, de modelos adecuados que imitar, de reciprocidad y afecto, etc. lo que puede generar también problemas de expresión emocional y de autoestima.

Un adecuado abordaje terapéutico pasa por proporcionar al niño toda una serie de habilidades y destrezas junto con la oportunidad de practicarlos en un entorno seguro. Entre estas habilidades pueden incluirse:

  • Cómo introducirse en un grupo
  • Cómo participar en juegos
  • Saber hacer peticiones o negar las de los demás
  • Manejar las críticas o la vergüenza
  • Mejorar la imagen que el menor tiene sobre sí mismo (su autoconcepto y autoestima)